Juan Manuel Medina abre una herida poética que es personal y colectiva a la vez. Sus versos atraviesan la intimidad del amor y la pérdida, la nostalgia de lo que ya no vuelve. . . pero también se levantan como denuncia frente a la guerra, la injusticia y el dolor de los olvidados.
El abismo crece oscila entre la ternura y la rabia, entre la memoria de un beso y el grito de los oprimidos, entre la fragilidad del individuo y la violencia de un mundo marcado por la indiferencia y la devastación. Aquí el abismo no es solo metáfora: es la distancia que nos separa, la herida social que no cicatriza, la sombra que amenaza la vida misma. . .
Y, sin embargo, en medio de tanta oscuridad, se abre también la esperanza. La celebración del amor, la llegada de un hijo, la resistencia de los pueblos y la certeza de que vivir, incluso en la adversidad, sigue siendo un acto de insurrección.
Este poemario es un viaje lírico a través de la pérdida, la conciencia y la resistencia humana, donde la poesía se convierte en una forma de sostenerse frente al vértigo del mundo.