En Worpswede, una pequeñ a localidad de la Baja Sajonia, comenzaron a establecerse a finales del siglo xix diversos pintores que llegaron a constituir una auté ntica colonia de artistas, amparados por la armoní a de su paisaje y el austero discurrir de sus dí as. Acuciado econó micamente y deseoso de asentarse junto a su esposa y su hija recié n nacida, Rilke llega a Worpswede en el otoñ o de 1900 para realizar el encargo de escribir una monografí a sobre la colonia y sus integrantes. En un gé nero ensayí stico al que dota de una belleza rara y subyugante, traza Rilke un retrato ? má s lí rico que analí tico? de quienes considera el nú cleo esencial del grupo pictó rico (Fritz Mackensen, Otto Mondersohn, Fritz Overbeck, Hans am Ende y Heinrich Vogeler), tras una introducció n, magistral y genuinamente rilkeana, donde busca profundizar en la esencia del paisaje en su vinculació n con la pintura: Rilke 'evita juzgar' y, enfrentado a la tarea de 'escribir la historia del paisaje', se encuentra 'abandonado a merced de lo extrañ o, lo distinto, lo inconcebible', pues el paisaje 'no tiene figura [.'>, no expresa una voluntad cuando se mueve', y, ante la naturaleza, 'por muy misteriosa que sea la muerte, má s misteriosa aú n es una vida que no es nuestra vida, que no se interesa por nosotros y, en cierto modo sin vernos, celebra sus fiestas, a las que asistimos con un cierto apuro, como invitados que llegan por casualidad y que hablan otro idioma'.
Ilustrada con una veintena de muestras pictó ricas de los protagonistas, esta obra se presenta al lector por vez primera traducida al españ ol.