Alicia era la niñ a má s curiosa de Inglaterra. Le gustaban las adivinanzas, los gatos, las historias divertidas y los libros con dibujos.
Pero los que no tení an dibujos, no.
Y, como si lo hubiera hecho aposta, aquella tarde, su hermana, que era mayor que ella y creí a que sabí a muchas má s cosas que Alicia, habí a decidido leer un libro gigante que estaba tan lleno de palabras que las letras tení an que encoger la barriga para no caerse de la pá gina.
Pero no tení a ni rastro de dibujos.
? Madre mí a, qué aburrimiento ? susurró Alicia mientras bostezaba con la mano delante de la boca, porque era una niñ a muy educada? . Y qué calor?
El sol pegaba fuerte en la orilla del rí o y cocí a las ideas como el pan en el horno.
Alicia suspiró .
? Si por lo menos tuviera algo que hacer?
De pronto, un conejo blanco con un chaleco pasó corriendo delante de ella.