Se trata del tercer volumen de una saga familiar titulada "Crónicas de Sajará", ambientada en una ciudad de provincias de la zona de Levante. Este tercer tranco nos presenta a los Colliure durante el período de la posguerra. José Colliure, pese a ser bien considerado por la plana mayor local del nuevo régimen, compuesta esencialmente por amigos suyos, se va distanciando progresivamente de ella, lo que culminará en una exclusión social de la que sufrirá toda la célula familiar. Hacia mitad de los 40, su hijo desarrollará una fulgurante carrera deportiva que culminará adjudicándose el campeonato nacional de natación celebrado en Zaragoza. Un cabo suelto del primer volumen se convierte aquí en una subtrama de novela negra que involucra a don Casimiro, comandante del puesto de la Guardia Civil e inesperado aliado de Colliure.
La novela alterna la narración en primera persona, la de los cuadernos de memorias de padre e hijo, con la de un narrador en tercera persona cuyo punto de vista es limitado pero que completa el relato con información recibida de los propios protagonistas o de otros personajes. En esta tercera entrega de "Crónicas de Sajará" José Colliure, siempre víctima de su idealismo, se ve obligado a rechazar, al poco tiempo de ejercerlos, los sucedáneos de empleo que el nuevo orden le ofrece y finalmente vuelve al taxi, una profesión que, en una pequeña ciudad de provincias y por los tiempos que corren, da para bien poca cosa. Por otra parte, tampoco consigue seguir, aunque lo intenta, los consejos de Consuelo para que no se mezcle en política, de modo que su creciente escepticismo hacia el régimen se va convirtiendo en franco rechazo y ello públicamente, en la vasta sala del casino. Los adeptos, muchos de ellos amigos de infancia, tratan de contener al principio su desazón ante tales salidas de tono, aunque acaban irritándose contra él pues el horno no estaba para bollos y las llagas de la guerra civil se hallaban todavía frescas y demasiado sensibles, llegando incluso a presentar denuncias en el cuartel de la guardia civil, para terminar ejerciendo contra él una suerte de bloqueo económico colectivo, cuyos efectos provocaron la disgregación de la familia; Consuelo y su hijo José tuvieron que ir a Riera, a casa de su madre, y los dos hijos pequeños, Consuelito y Juan Antonio, a Burjasot, con su hermano Joaquín. Un apoyo de todo punto imprevisto e insólito le vino a Colliure con la llegada del nuevo comandante de la guardia civil del puesto de Sajará, el sargento don Casimiro Calatayud, un militar de rompe y rasga, ferviente partidario del franquismo. Por cierto que, un cabo dejado suelto en el primer volumen, la historia del hijo del antiguo alcalde republicano tendrá consecuencias policiales que deberá afrontar don Casimiro y que darán lugar a una auténtica novela negra dentro de la novela. Por otra parte, como tuvo ocasión de comprobar, en las altas esferas de Valencia se le seguía teniendo por un hombre del régimen, de considerable valor para un caso de necesidad. En esas aguas política y socialmente turbias inició su hijo José su carrera de nadador que le llevó a ganar el campeonato nacional celebrado en Zaragoza, en el Canal Imperial de Aragón.Tanto el padre como el hijo dejaron sendos cuadernos con sus memorias de la época, cuyos textos se alternan con las intervenciones de un narrador en tercera persona con un punto de vista limitado, que se abstiene de comentarios, pero que conoce de memoria los hechos por haberlos oído contar desde su infancia. Todo ello presentado con un estilo vigoroso e intenso como quería Henry James, para quien la intensidad era la clave de la literatura.