Alicia en el País de las Maravillas es una obra cardinal de la literatura fantástica victoriana: bajo la apariencia de un cuento infantil, despliega una arquitectura de paradojas, juegos lingüísticos, metamorfosis y escenas absurdas que cuestionan la lógica ordinaria. Su estilo combina ligereza narrativa, precisión matemática y humor nonsense, situándose en diálogo con la tradición del relato moral para niños, pero subvirtiéndola mediante una imaginación libre, irónica y profundamente moderna. Lewis Carroll, seudónimo de Charles Lutwidge Dodgson, fue matemático, lógico, fotógrafo y profesor en Oxford, circunstancias decisivas para comprender la singularidad del libro. Su familiaridad con los razonamientos formales, los acertijos y las estructuras simétricas alimenta los diálogos desconcertantes de la obra. Asimismo, su relación con el mundo infantil victoriano y con Alice Liddell contribuyó al origen oral y lúdico del relato. Recomiendo este libro tanto al lector joven como al adulto, pues cada edad descubre en él una obra distinta: aventura, sátira, filosofía del lenguaje y crítica de las convenciones sociales. Su brevedad no disminuye su densidad; al contrario, invita a releerlo para apreciar la inteligencia con que convierte el sueño en una forma rigurosa de conocimiento imaginativo.